Queremos empezar nuestro primer artículo con una de las historias de terror basadas en hechos reales que nos han enviado a través del correo electrónico. Se trata de una historia verídica enviada por un niño latino americano que vive en la ciudad de San Antonio, Texas.
Alberto, que así se llama el niño de trece años nos envía una foto de la casa para que la veamos como es en la actualidad después de más de diez años desde que se reformara.
Esta es una historia real. No es una historia falsa para tratar de asustar a niños pequeños o entretener a los adultos. Algunos pueden pensar que esta no produce miedo en absoluto, pero es que yo tenía seis años en el momento y estaba aterrorizado y todavía lo estoy hoy en día cada vez que la recuerdo.
La casa donde vivo ahora con mi padre fue construida desde 1997 a 1998. Durante este período en el que mi padre estaba construyendo la casa, ocurrieron cosas extrañas.
Mi padre trabajaba en la casa de sol a sol para tratar de terminarla cuanto antes y así poder mudarnos. En varias ocasiones recuerdo que mi padre nombraba que dentro de la casa se veía un resplandor rojo fuerte, incluso después de haber anochecido.
Recuerdo que una noche, mi padre llegó a la casa donde vivíamos aterrado y le contó a mi madre que había odio una voz demoníaca susurrar su nombre. Estaba tan seguro de haberla oido que preguntó al vecino de al lado si había estado jugando al rededor de la casa. Pero el vecino no estuvo allí durante ese tiempo.

Cuando la casa se terminó finalmente, nos mudamos allí. Era el 31 de Octubre de 1998, lo recuerdo perfectamente por que ese día celebramos también mi cumpleaños.
Curiosamente, después de habernos mudado y durante el primer año, no volvimos a notar nada extraño en aquel lugar.
Una noche yo estaba tirado en el sofá viendo la televisión cuando me pareció escuchar como la voz de un niño. Hablaba en un idioma extranjero, así que no podía entender lo que estaba diciendo. Pensé que alguien estaba en el sótano y que iba a venir a por mí, así que subí corriendo a donde mis padres estaban y les conté mi experiencia. Ambos confesaron haber oído la misma voz. Mi papá pensó que se estaba volviendo loco, pero se sentía mucho mejor una vez que sabía que otros estaban escuchando la misma cosa. Así que tuvimos una larga conversación acerca de ello y decidió que había un fantasma en nuestra casa.
Un día mis padres habían recibido la visita de unos amigos y mientras se encontraban en el salón, escucharon una conversación que provenía de uno de los dormitorios de la plata superior. Mi madre, muy discreta, les dijo a los amigos que era yo jugando con un amigo, pero en realidad yo estaba en casa de mis abuelos.
Más tarde y después de varios sustos, mis padres llamaron a un amigo sacerdote para bendecir toda la casa y por suerte para nosotros, el cura también escuchó las voces. No obstante siguió con su trabajo y durante un cierto tiempo dejamos de escuchar las voces y ruidos extraños que se producían.
Por desgracia volvieron poco tiempo después. Al mismo tiempo, mi padre descubrió que mi madre estaba teniendo una aventura y no había mucha controversia en la casa cuando esto sucedía. Después de que mis padres se divorciaron las voces no fueron escuchadas otra vez ….
Eso cambió hace unos dos años. Mi padre y yo estamos escuchando la misma voz de nuevo, pero la experiencia ha empeorado conmigo. Veo caras … y gente que que me mira fijamente. Ellos me miran y murmuran entre sí, luego se ríen de mí. Entonces comienzo a rezar para que no me hagan daño. Entonces simplemente …. desaparecen. Mi padre y yo también oímos chocar los platos, pero cuando vamos a investigar no hay nada allí. Yo veo las cosas, las cosas oscuras del mal que acechan en los rincones oscuros. Mi padre ha visto algunas de estas cosas, pero no tanto como yo.Yo llevo una cruz conmigo donde quiera que vaya en mi casa.
Tengo trece años y creo profundamente en lo sobre natural y en las cosas inexplicables. Algunas personas podrán pensar que son producto de mi imaginación, pero ¿cómo se explican que otros lo han oído?
Mi casa es de estilo victoriano y está llena de antigüedades. A menudo me pregunto si los fantasmas o demonios se han “pegado” a los muebles y no están dispuestos a renunciar de la casa. Supongo que tendremos que ver que pasa con el tiempo.
Era viernes noche y no tenía planes de salir, mis padres se habían ido a pasar el fin de semana fuera, así que me tiré en el sofá y me puse a jugar a la Play Station a uno de esos juegos de Bob Esponja que tanto me gustan.
Tardé como una hora en dormirme sobre el sofá, cuando a los pocos minutes escuche el timbre de la puerta, a penas podía reaccionar, me había quedado frito después de un día intenso de jugar al fútbol.
Saqué las fuerzas de donde pude y me levanté a abrir la puerta, eran las 23:30 de la noche y detrás de la misma estaba mi amigo Quique, uno chaval de casi dos metros de altura y unos 130 kilogramos de peso que ha sido mi amigo desde la infancia.
Hacía unos cuantos días que no sabía nada de el, Quique es un poco friqui y le gusta pasar horas sólo en su casa frente al ordenador, no le gusta salir de fiesta y es un poco introvertido, por eso aquella noche me sorprendió. Nadie quiere saber nade de él, calza una talla 52 de pie, así que los zapatos tienen que hacérselos a medida y los lleva por años, así que le huelen las patas a distancia. Vamos todo un elemento a mantener a una buena distancia.
Pero la visita de Quique me gustó, a pesar de esa olor a pies que desprende por donde va, hoy traía algo interesante. Había traído una baraja de cartas que parecía tener cientos de años, eran cartas del tarot y pretendía jugar con ellas al Mus, ¡que listo!
Cogí las cartas para inspeccionarlas, las había comprado en el rastro, donde venden todo tipo de artículos antiguos y a juzgar por su apariencia estas eran de la época de los dinosaurios.
Las imágenes que contenían las cartas eran terroríficas y demoníacas, no había visto nunca nada parecido.
Para no aburrirnos le propuse que jugáramos a echarnos las cartas el uno al otro, así que busqué una forma de hacerlo en internet y nos pusimos manos a la obra.
Barajé las cartas y puse las 20 primeras en forma de cruz sobre la mesa. Quique eligió cinco de ellas y me puse a darle el significado.
Cuando levantó la última carta escuchamos un fuerte estruendo que venía del piso de arriba (donde no había nadie). Nos dirigimos al piso de arriba, eran como unos ruidos de cristales, pero todo estaba bien allí, nada había pasado aun que aseguro que el ruido vino de allí, no tengo ninguna vivienda cerca, mi casa, de dos pisos, tiene una zona ajardinada bastante grande y está a las afueras de un pueblo de la provincia de Valencia.
Después de mucho buscar volvimos a las cartas y nuestra sorpresa fue que al buscar el significado de la quinta carta salió que significaba peligro inminente.
Han pasado varios días de lo ocurrido, Quique conserva las cartas, aun que no las hemos vuelto a tocar, quizás algún día nos atrevamos a jugar con ellas de nuevo, pero con más gente, y a ver que pasa.
Entre las historias que rodean el hundimiento de uno de los cruceros de lujo más famoso de la historia, el Titanic, hay una leyenda acerca de una momia cuya maldición de mala suerte fue la responsable del accidente con la isla flotante de hielo que rasgó el casco del buque. Aunque la historia ha existido durante años, se extendió rápidamente a raíz de la popularidad de la película Titanic. La historia cuenta lo siguiente:
A finales de la década de 1890, un rico, joven inglés visitó las excavaciones arqueológicas cercanas a Luxor donde adquirió el ataúd con la momia de La Princesa de Amón-Ra. Él arregló todo para que enviaran el sarcófago a su casa en Londres, pero no estaba allí para recibirlo. Desapareció, nunca más fue hallado. Uno de sus compañeros en el viaje murió más tarde, otro perdió un brazo en un accidente y un tercero perdió su fortuna en la quiebra de un banco.
El ataúd llegó a Inglaterra y fue comprado por un empresario. Tres miembros de la familia del hombre de negocios resultaron heridos en un accidente de auto y su casa se incendió. Convencidos de que la momia le había traido mala suerte, el hombre la donó al Museo Británico.
El personal de seguridad del museo aseguró haber escuchado fuertes golpes, ruidos y lamentos que provenían del ataúd por la noche. Por último, un vigilante murió. A continuación, un fotógrafo tomó una foto del ataúd. Cuando reveló la imagen está era tan horrible que el fotógrafo se suicidó.
El museo quería deshacerse de la momia que traía mala suerte, pero con la mala reputación que el objeto había adquirido, nadie quería comprarla. Por último, un arqueólogo estadounidense, que no creía en los cuentos, compró la momia y el ataúd y la envió a los Estados a bordo del Titanic. El resto es historia …
¿Es esta una historia real? O simplemente un cuento raro?
La parte de la historia del Titanic pudo haber sido inspirada por la pérdida del sarcófago de Micerinos en 1838. El sarcófago, que estaba siendo transportado desde Egipto a Inglaterra, fue considerado como uno de los mejores ejemplos del arte de la época del Imperio Antiguo. Se fue al fondo del mar cuando el barco que la transportaba se hundió en aguas profundas en algún lugar cerca de Cartagena.
|